‘Ofusco’, un corto sobre la ceguera de la fe que contrapone la austeridad y la opulencia

Los cortometrajes son toda una experiencia en la industria cinematográfica que dan voz a ideas, proyectos y jóvenes interesantes que a partir de ahí dan el salto a cosas mayores o que hacen una larga y efectiva carrera creando estas historias.

Entre estas jóvenes promesas encontramos a Karina Aguilar y Alejandro Rivera, co-realizadores de Ofusco, proyecto nacido del Rally Feratum 60 que se llevó el triunfo el año pasado y que ahora tiene un paso exitoso por dos festivales importantes en el país, como el Macabro y Shorts México. En Crónica Escenario hablamos con ellos acerca de la realización de este relato de género que sigue encantando a la audiencia.

“Karina me invitó a codirigir el cortometraje, es algo que no es fácil porque son dos ideas y visiones diferentes. Aceptamos el reto y gracias a mi experiencia con rallys previamente, decidí entrarle. Ella se aventó la producción y dirección del corto, no es lo mismo que estar en dirección de arte y apoyarla en dirigir. De todas formas, si llega a ser un dolor de cabeza lograr algo así en tan poco tiempo pero, por mi parte, tengo un poco de experiencia en los rallys. Ya me aventé el de DOCS en 100 horas, los cursos de la AMC donde te dan un fin de semana para hacer un proyecto, las 60 horas en Feratum con Ofusco, entre otros. Como que me gusta la adrenalina de meterle todo, aunque no es lo óptimo, pero ese golpe es interesante”, comenzó recordando Alejandro acerca del génesis de esta unión cocreativa.


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“Nos vimos entonces y empezamos a ver qué rumbo era el que queríamos tomar para contar este relato y, sobre todo, que se facilitara hacerlo dentro del marco de las horas. Manejamos varias cosas diferentes y entonces decidimos inclinarnos al final por algo que tampoco era sencillo, pues era el linchamiento de un chorro de personas, con muchos extras y demás. Conseguimos que la gente de Pátzcuaro se sumara y nos ayudaran”, añadió el director y también encargado del diseño de producción del filme.

Para Karina, algo de lo que destaca más de la realización de este proyecto fue la manera en cómo fueron fluyendo tan bien las cosas para complementar el reto y tener este gran resultado dentro del Rally Feratum. “En este tipo de concursos, las historias ya van un tanto trabajadas sobre un guion. Algo que fue grandioso de Ofusco fue que fluyó de forma natural. Como dato curioso, la sede inicial para que lo hiciéramos era Tlalpujahua pero fue de último momento que nos mandaron a este otro gran pueblo mágico. Ahí tuvimos que transformar toda la visión del proyecto pero ahí se notó que ambos, con el trabajo previo que habíamos tenido en éste y otros cortos, teníamos ya definido ese hilo conductor y visual de la historia”, afirmó.

Asimismo, defendió la idea de esta estética en blanco y negro, que le da una atmósfera particular al relato. “Siempre quisimos que fuera así, pues somos fieles seguidores del cine mexicano pero nuestras referencias databan de cintas como La mujer del puerto o El Escapulario. Había muchas escenas que iban de la mano con lo que queríamos, algo que fuera así de real aterrizado hacia una atmósfera de suspenso, que es algo que nos gusta mucho. Si bien existen tintes de horror en él, porque todo se desencadena a partir del acto humano con guiños sobrenaturales, decidimos generar esas atmósferas para trabajar y darle estructura”, expresó Aguilar.

los co-realizadores de de'Ofusco', Karina Aguilar y Alejandro Rivera

Queríamos que Ofusco se contara más de forma visual sobre los diálogos

Cortesía

Alejandro hizo hincapié en que querían hacer una historia que no cayera en las típicas convenciones del género, trabajando mejor en las atmósferas. “Apostamos por algo que escapara del susto fácil, generando atmósferas en vez de los momentos básicos de espantos o sorpresas. Me parece que acertamos en ello y que el blanco y negro sumado a la gente que nos a poyó y los pocos diálogos del corto que ayudaron a lograr que se concretara nuestra visión conjunta. Queríamos que Ofusco se contara más de forma visual sobre los diálogos. Y aunque ya teníamos todo puesto en Tlalpujahua con sus iglesias espectaculares, eso se nos vino abajo y tuvimos que adaptarnos a poder mostrar la austeridad y la pobreza contra la opulencia del padre así como la ceguera de la fe ante ello, que se viera reflejada siempre”, manifestó.

“Todo el tiempo se trató de reflejar un mundo de opuestos. El bien y el mal, el blanco y el negro, el miedo y la fe. Siempre estuvo marcado eso por parte de Karina y mía, que se vieran ambos lados de la moneda y de ahí viene el título del proyecto, pues el significado de Ofusco es oscurecer, nublar, cegar la vista. Eso nos hace referencia a que la persona que es ciega en el pueblo es la única que puede ver en verdad lo que está pasando y todos los demás son ciegos por tener el don de la vista”, acotó el joven realizador.

Sin embargo, para Karina, hay partes de este proyecto que adquirieron una mayor fuerza ante esto. “Existen secuencias como la de los arcos con el Padre caminando o la misma introducción, cuando el Padre llega en el lago y saliera de ahí, algo que originalmente no teníamos contemplado en el guion original. Pero si estábamos en Pátzcuaro, teníamos que usarlo. Esa entrada del proyecto le da una potencia al personaje y su presentación fuerte, siniestra y resulta fundamental para meternos en medio de la neblina. Es algo que, quienes nos han hablado después de verlo, les parece memorable”.

Cartel del cortometraje'Ofusco'

Cartel del cortometraje ‘Ofusco’

Cortesía

Trabajar en un cortometraje nunca es sencillo: “Las locaciones no fueron fáciles. Hay cuestiones de género que pesaron, como conseguir el set y permiso de grabar en la iglesia del pueblo. Es una realidad, apenas estamos rompiendo barreras en ese sentido y yo no pude hablar directamente con el padre para conseguirlo, sino que Alejandro dio la cara para lograrlo y le entramos al quite en muchas cosas que no esperábamos”, manifestó la directora y productora de Ofusco.

Una parte clave reside en el protagonista, un joven ciego que es capaz de percibir lo que los demás no pueden. Es aquí que entra a la charla Carlos César González, quien habló de cómo llegó a su papel y su preparación para el mismo. “Llegué gracias a Karina, por ahí del durante la pandemia gracias a un post en Facebook donde decía que quería aventarse al rally y de pura mamada dije ‘pues chance y pega’. Tenía ganas de trabajar con ella y resultó que en medio de las pláticas en línea, en espera de ser seleccionados, recibí la noticia de que había sido seleccionado el proyecto. Me vendió todo y cuando leí ese guion, no sabía qué esperar más que era algo que iba enfocado al género. Así llegó Julián a mi vida, que me atrapó desde esa primera lectura. Era un reto que no iba a negar hacer. De ahí comenzó el método, porque tenía claro que necesitaba saber cómo se desenvolvía él con su ceguera, por lo que me tapé los ojos e hice mi vida normal sin mis ojos. Al principio era un pedo, me topé con cosas bien complicadas que no imaginaba hasta que las fui haciendo”.

Este método le brindó una experiencia bastante peculiar que no había vivido como actor antes. “Se acrecentó el uso de otros sentidos, sobre todo el tacto y el oído. Fue toda una experiencia reflexiva donde de pronto me di cuenta que la realidad es que me tardaba más en hacer mis actividades. Interactué con gente, choqué con un grupo de chicas con mi bastón en la mano. Sentí un sentido de empatía pero también experimenté un dolor debido a malas experiencias con las personas porque hubo un cambio de actitud, dejaron de ser algunos amables y se volvieron malos. Era muy interesante percibir lo que pasaba con quienes me rodeaban y cómo recibía ese estímulo emocional. Ahí entendí a Julián y su existencia un tanto relegada”, aseveró Carlos.

el actor Manuel Ochoa en'Ofusco'

el actor Manuel Ochoa en ‘Ofusco’

Cortesía

También, habló de la relación entre él y Manuel Ochoa, que interpreta al cura con no tan nobles intenciones. “El trabajo con él fue interesante. Manuel es un tipazo. Tuvimos una relación muy afable. Conocerlo más allá del trabajo de mesa le dio un plus a lo que buscamos hacer. Charlamos de nuestros personajes y le comenté que me ayudara a crear una atmósfera de interacción como ciego también. Conocerlo a él más que al personaje me ayudó muchísimo para crear lo que se ve en la historia. Aunque originalmente no era lo que estaban buscando para su rol, tenía una profundidad en su mirada y presencia que insinuaba muy bien que ocultaba algo y por eso se quedó”.

La co-directora y productora subrayó que fue en el casting donde salieron convencidos de que Manuel era el ideal. “Buscó una camisa estilo victoriano y tenía unas facciones estilo Nosferatu, con manos delgadas y fue ahí que decidimos que el concepto que teníamos debería cambiar hacia las cuestiones más explícitas corporalmente. Me vino mucho a la cabeza lo que hizo Oldman en Drácula o Pacino en El Abogado del Diablo. Nos contamos entonces en ello y por eso los planos con él son muy cerrados que captaban una esencia en el lenguaje cinematográfico muy interesante”.

Hacer un doble rol en cualquier proyecto no es tan simple, por lo que a Karina le desgastó más el producir que la dirección misma en ese doble rol que asumió durante la realización de Ofusco. “El resultado fue tan agotador para mí en producción que ni siquiera podía tocar a mi siguiente proyecto. Fue una demanda, que todavía después del Rally, nos seguía exigiendo bastante. Contrario a la personalidad de Alejandro, soy mucho más metódica en los procesos y tiempos. Ambos somos especiales para las decisiones, si bien podemos llegar a ser un tanto controladores. Desde la hechura de la carpeta y hacer la entrevista para el CCC estando allá, la experiencia fue una completa locura. Pero yo sigo a favor de que Ofusco se diera como se dio, abogando por la multifuncionalidad de ambos. Mientras él imaginaba más lo visual como diseñador de producción, yo analizaba los recursos, qué teníamos y que no”, rememoró.


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“Conectar ambas disciplinas me entregó un aprendizaje invaluable. Algunas escuelas manejan que son dos oficios completamente distintos pero aquí está el punto de que para ciertos proyectos, funciona juntarlos. Fue difícil porque la mayoría del equipo somos muy jóvenes. La dinámica que se tuvo en este proyecto rápido deja muchas lecciones donde podemos pulir más cosas para los siguientes proyectos”, complementó Aguilar.

Y es que uno de los grandes retos de hacer un corto en un Rally es la cuestión del tiempo, principal limitación que obliga a todos a ponerse más creativos para obtener el resultado final. “Es difícil tener todo listo, no es un proyecto donde tengamos el control porque las reglas pueden cambiar, tampoco podemos meter o sacar gente porque mandas la lista de nombres desde el inicio y no puedes modificarlos. No hay control de locaciones ni de lo que haya para grabar, pero vaya, el corto sigue pareciendo como algo que no se hizo en horas. Y sin embargo, muchas cosas se nos salieron de control en su momento durante la realización. Pero siempre pudimos controlar el caballo cuando parecía desbocarse”, afirmó Eduardo.

“Me parece que eso es parte de las limitaciones con las que sabes que vas a lidiar. Si bien cuando haces un corto existen más personas, aquí le hicimos de continuistas también e incluso llegamos a hacer cambios en el texto con todo y las cámaras de Feratum encima. Estábamos en la parte final y Alejandro dijo que el texto no encajaba. Continué dirigiendo la escena y él se fue a modificar el asunto para sortear el dilema. Todos creen que, como directores, nada más estamos en sillas dando órdenes, pero en este caso, le entramos a todo porque tenemos todo encima, una carga pesada donde de repente tienes tres personajes más los extras y tienes que sacarlo adelante. Compartir la cuestión de darle forma a un proyecto es difícil, pero el cine es colectivo y es parte del ajetreo, es una oportunidad de desempeñarte y crecer que se da muy poco y también ayuda no sólo a la historia sino al desarrollo como cineastas. Tuvimos que confiar mucho en uno y el otro para crear esa magia final que se percibe en Ofusco”, concluyó Karina.

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