‘Secaderos’, psicodelia rural de Rocío Mesa con monstrua incluida

En la recta final del Festival de Cine Internacional de San Sebastián, nos detenemos en una de las películas españolas que han pasado por él: ‘Secaderos’, la sorprendente película de Rocío Mesa, que proyecta, junto a la exitosa ‘Alcarràs’, miradas femeninas sobre medios rurales de vida que desaparecen entre curiosas, creativas e insatisfechas niñas y adolescentes. Y también monstruas. Psicodelia rural que ayer ganó el Premio Dunia Ayaso, que concede la SGAE y se entregó en San Sebastián. Hemos hablado con la directora.

La cineasta Rocío Mesa (Granada, 1983) aún recuerda el olor penetrante de las plantas de tabaco alojado en su olfato de niña y preadolescente. Aquel aroma siempre en el aire. Desde los bosques de la Vega de Granada hasta las calles de Las Gabias, su pueblo y el de su familia, y por descontado, cuando se  condensaba dentro de los secaderos. Unos impresionantes caserones, levantados en su origen con troncos de chopo, de cuyos techos colgaban boca abajo las gavillas de hojas de tabaco el tiempo preciso para pasar del verde al amarillo. Un método muy peculiar de suspender las plantas conocido como ahorcamiento.

Secaderos. Así se llama la película que esta semana ha llegado a la sección Nuevos Directores -destinada a primeras y segundas películas- de la 70 edición del Festival de Cine Internacional de San Sebastián, que termina mañana, 24 de septiembre. Hace cinco años que Rocío Mesa empezó a pergeñar un argumento donde trenzar sin rechazo detalles reales de su vida y alguna de sus más originales fantasías. Aspectos que no le afectaban solo a ella. Niños felices que disfrutan de la libertad del medio rural y  jóvenes inquietos con ganas de ver el mundo más allá de esas montañas nevadas, tan cercanas como desconocidas. Gentes que, aun viviendo al pie de Sierra Nevada, desconocen la sensación de pisar la nieve. A su lado, criaturas fantásticas que aman la tierra, la cuidan y la lloran cuando advierten que su existencia está en peligro. Todo con los Secaderos como actores principales, aunque mudos, cuyos perfiles aportan mucho a la geografía, la arquitectura, la sociología y el paisaje más sentimental.

La joven Ada Mar Lupiañez Huertas y la niña Vera Centenera Carnero son las protagonistas de Secaderos. Ninguna de las dos es actriz profesional, aunque Ada Mar, la adolescente Nieves,  estudia ahora su segundo curso de interpretación, animada por la experiencia que le proporcionó el rodaje. También porque el resultado es excelente. Tras el visionado de Secaderos, con ese dulce final que no empalaga, solo hay un término para definir esta película: rural psicodélico, etiqueta que obtiene un entusiasmado sobresaliente por parte de Rocío Mesa, la cineasta que ha rodado Secaderos para saldar alguna que otra cuenta con su propia memoria y rendir homenaje a la importancia de esos edificios mágicos capaces de alojar juntas las hojas de tabaco y las criaturas fantásticas que frecuentan los bosques y solo se dejan ver por los ojos que jamás van a dudar de su existencia. Secaderos es un drama rural con aderezos lisérgicos, producto algunas veces de la química y otras de la imaginación.

Ha sido lo primero que se me ha venido a la cabeza después de ver la película. Drama rural psicodélico.

Pues no sabes la ilusión que me hace. Yo misma soy muy psicodélicarural y es así como describo Secaderos. Nació en un pueblo de La Vega de Granada llamado Las Gabias, de donde procede toda la familia de mi padre. Allí viví hasta que me fui a la  Universidad de Sevilla para estudiar Periodismo en la Facultad de Comunicación. Crecí junto a mis padres, los dos son maestros, sabiendo que durante todo el siglo XX el monocultivo de tabaco orquestaba la actividad y el calendario de la zona. Recuerdo perfectamente el olor a tabaco en el aire que respiraba siendo niña, un olor muy fuerte que todavía me encanta por los buenos recuerdos que me trae.

Imagino que los secaderos tampoco se han apeado de tu memoria.

Para nada. La sensación que producen esas construcciones es tremenda. Nosotros éramos niños, como los que vemos en la película, enamorados de aquellas casas enormes que durante una parte del año estaban llenas de hojas de tabaco, y otros meses permanecían vacías. Eran perfectas para jugar, para hacer reuniones. Pero también parecían guaridas de monstruos bondadosos, esos que vagan por la frondosidad del bosque cuidando de la tierra. Al ser edificios tan grandes, tan desproporcionados y tan parecidos a lo que podría ser la Cabaña de Los Tres Cerditos, estar allí era como vivir dentro del cuento. Con su lado tenebroso y esa atracción prohibida por los lugares un poco sobrenaturales.

‘Secaderos’ tiene su propio monstruo que, curiosamente, es una criatura bondadosa.

Bondadosa y bellísima. Siempre la imaginé parecida a las obras sintoístas de la cultura japonesa. En mi fantasía era un espíritu que sufría por la pérdida de los cultivos exactamente igual que tanta gente de la zona de la Vega de Granada. El monocultivo se fue perdiendo y muchos secaderos fueron derribados. Había motivos para el disgusto real e imaginario. Así que ideamos una criatura amable y tuvimos la gran suerte de que el equipo DDT Efectos Especiales hiciera realidad mi fantasía. Se enamoraron de este proyecto, ellos, viniendo nada más y nada menos que de Hollywood y siendo Secaderos una manifestación del cine  independiente en su máxima expresión. Si hubiéramos tenido que asumir el valor real de la Criatura, se nos habría ido el presupuesto total de la película. Fue curioso que lo que más les atrajo fue precisamente el buen carácter del monstruo, después de haber participado en muchas películas, la mayoría de terror.  Llegaron a decirme que les estaba devolviendo el entusiasmo por su trabajo. Entraron como productores asociados, pero para mí son los jefes de la magia. Todavía me emociona comentarlo.

¿Tiene nombre? ¿Tiene género?

Se llama Nicotina y es una mujer. Nico para los amigos, también como homenaje a la cantante del grupo Velvet Underground.

En 2001 te marchas a California. ¡Que la psicodelia no pare!

(Risas). Exacto. Vivo en Los Ángeles, me encanta el rock and roll, el rock psicodélico, he ido a todos los conciertos que he podido, he bailado muchísimo, mi marido es músico de rock psicodélico, he ido al desierto y he tenido muchas experiencias ligadas al estilo californiano de los 60, cuya banda sonora se escucha todavía. En la película están esas dos partes de mi vida y trato de mostrarlas de forma muy orgánica.

Curiosa banda sonora. Me gustaría que comentaras otra mezcla feliz. Del reguetón a ‘Los Campanilleros’  de La Niña de la Puebla.

La banda sonora original, preciosísima, es de una artista malagueña con mucho talento que se llama Paloma Peñarrubia. Hay otras canciones de grupos granadinos como Fuerza Nueva, (Los Planetas con El Niño de Elche), Unidad y Armonía, con la colaboración de Sole y Estrella Morente, y el reguetón de una banda de adolescentes, también de Granada, que se llaman Los Boyz.

¿Cómo se sale de Las Gabias para vivir un sueño californiano?

Con becas. Con ayudas públicas. Hay gente que tiene la suerte de hacerlo de otro modo. A mí me tocó trabajar duro, porque no me quedaba otra. Llegué allí coincidiendo con un periodo de mucha crisis económica en España. Consideré que tenía que quedarme y, para eso, me tuve que buscar mucho la vida.

Además de seguir rodando, has trabajado mucho por mover el cine español en la Costa Oeste americana, y más allá.

Sí, desde 2015 dirijo una muestra de cine español contemporáneo en Norteamérica que empezó en Los Ángeles, luego fue a Nueva York y llegó hasta Ciudad de México. Tengo un equipo de excelentes compañeras con las que hemos conseguido cubrir ese hueco vacío de películas españolas independientes de nueva generación, surgidas en los 2000. Son trabajos que se ven en Berlín, en Locarno, pero no consiguen distribución americana y ni siquiera se estrenan en plataformas. Así que hemos abierto esa ventana. Apoyar al cine español es una experiencia maravillosa, aunque de momento nos hemos quedado sin presupuesto. La muestra por la que vamos a seguir luchando se llama La Ola. 

Un trabajo familiar, un medio de vida amenazado, los ojos de una niña, jóvenes insatisfechos, actores no profesionales… No te extrañará las comparaciones con ‘Alcarràs’, de Carla Simón…

Esa comparación me hace una ilusión tremenda. Pero ¿sabes una cosa? Tanto Alcarràs como El Agua, de Elene López Riera, y Secaderos se rodaron al mismo tiempo el verano del año pasado, por lo que ninguna sabíamos de las historias de las otras dos. Somos tres cineastas más o menos de la misma edad. ¿No te parece maravilloso que tres mujeres, una en Barcelona, otra en Murcia y yo en Granada trabajemos con un imaginario parecido, siendo pura coincidencia?

Algo tiene que estar pasando.

Ellas han estrenado antes que nosotros, también es verdad que Alcarràs, por ejemplo, cuenta con más presupuesto. A mí me van a caer todas las comparaciones, porque soy la última en llegar. Pero que me pongan como referente a una mujer como Carla, a la que admiro profundamente, me parece una maravilla. Quiero mucho a esas dos directoras, y, de vuelta a lo político, me parece muy importante que haya una generación de mujeres construyendo imaginarios comunes tal y como suele ocurrir en muchos grupos generacionales artísticos. Ahora nos toca a las mujeres y estos son nuestro temas.

Y ‘Alcarràs’, directa a Hollywood.

¡Qué alegría tan tremenda! Cuando veo el éxito de esa peli tan preciosa comprendo lo que sienten los aficionados del fútbol cuando gana su equipo. (Risas).

¿Su relación con los secaderos es ahora más activista? 

La Vega es un terreno fructífero muy fértil por el agua del deshielo de Sierra Nevada. Una tierra rica que ha perdido su bonanza en cuanto han llegado los planes urbanísticos con la construcción de miles de viviendas. Mi pueblo ha pasado de 7.000 a 25.000 habitantes, una explosión atroz que se ha llevado mucho por delante, por ejemplo, los secaderos, piezas arquitectónicas que de niña eran pura fantasía para mí y ahora me siguen fascinando de un modo más industrial, más psicodélico… Y, sí, más activista.

Nieves, una de las protagonistas que trabaja con sus padres en uno de esos secaderos, resulta que jamás ha visto la nieve…

Pues fíjate que Ada Mar, la actriz que hace el papel de la adolescente Nieves, siendo de Granada, tampoco había estado en la montaña hasta el día en que rodamos esa escena.

¿En serio? Una imagen para, como el Coronel Aureliano Buendía de Gabriel García Márquez en ‘Cien años de soledad’, recordar frente al pelotón de fusilamiento…

(Risas). ¡Qué bonita comparación! Es así. Crecemos frente a la sierra, la nieve forma parte de nuestro paisaje diario, pero hay un montón de gente que nunca la ha pisado. Ada estaba entusiasmada. Para ella fue el día más emocionante de todo el rodaje. Esa primera vez…

¿Fumas o has fumado alguna vez?

Fumaba, pero lo dejé, aunque algún cigarrillo cae de vez en cuando. No estoy a favor de la industria tabaquera necesariamente, pero sí amo la planta del tabaco, sagrada en muchas culturas.

Trailer:

‘Secaderos’, psicodelia rural de Rocío Mesa con monstrua incluida