Si bien la calle mareaba a cualquiera que la transitara -los tembladerales frecuentes por la zona geolgicamente inestable y en contingencia atvica son comunes por aqu-, Iko Ovo entr como pudo al barcito de enfrente. Yo lo esperaba en el caf Las Meninas, y l, confundido, vaya a saber porqu, entr aletargado al de al lado, al ex Danubio, que encontrbase en etapa reconstruccin desde que fue desmantelado por el ltimo carnaval de la raza. Cuando por la ventana me vio sentado en Las Meninas, me hizo una sea rara, su cara luca demasiado blanca y sus labios muy rojos, algo demacrado, con las venas azules y verdes marcadas en los brazos y el cuello. Cruz la calle, entr a Las meninas y se sent a la mesa. -Por fin-, le dije, sin ms que agregar, esperando que Iko largara de inmediato lo que tena para contarme. El fantoche de Iko me mir fijo a los ojos cuando sorbi el caf, y me dijo: mir, a la pelcula la tengo en la cabeza, te la cuento, as me la saco de encima (susurrando).

-: Te escucho Iko-, le dije con paciencia.

-No, par, te lo cuenta el mueco, respondi.

Iko se acomod en la silla de una manera particular, dejando las piernas algo abiertas para sentar en una de ellas al fantoche, y mirando puntos perdidos en el cielo, describi:

-: Est el Casino Central y una puerta giratoria en el medio. La puerta gira todo el tiempo sin necesidad de que un humano entre en ella para activarla. Yo ingreso por la puerta y me encapsulo en ella: giro, giro, giro -veinte o treinta veces sin parar, giro- salgo eyectado hacia el primer saln del Casino y subo las escaleras, la araa con sus caireles en el plano principal, luego entra Carlitos del Circo de los Prfugos y el personal de seguridad lo frena en seco. Carlitos se brota y hace un escndalo en la puerta (“hijos de puta quiero entrar a jugar, les voy a prender fuego las cortinas me entendeus?”, gritara). Y ah entrs vos con el gas pimienta y el mueco. La seguridad se distrae con el monigote y ah lo ventrilocus. De ah en ms solo les habla el mueco, quien pasa a ser el principal personaje de la escena en la pelcula. Mi prienda los muequiza a todos los presentes con poderes especiales, sobrenaturales y paranormales. Las caras dentro del Casino Central estn en una obra de Teatro Grotesco.

Ver: Crnicas del subsuelo: Parque de diversiones

La encargada de controlar a los croupiers, la Jefa de Mesa, tiene la cara embalsamada, se parece a una Evita por el rodete, pero es una Evita merquera, cocainmana, que trabaja de eso y “aspira” ser Jefa de Piso frente a los hombres de traje negro que la acorralan para que no pueda salir de su rinconcito, asintiendo con la cabeza pagos a los ganadores que por ficha de chance cobra el prestamista que tiene una bolsa llena de billetes en el segundo saln. La idea es que Evita posea a la encargada, se meta en su cuerpo y le maneje los tips. Al lado, un viejo mal afeitado, con los quinques hinchados como sapo, estudia meticulosamente su martingala. Se abalanzan los chinos sobre el pao y juegan a la segunda docena. Hablan entre ellos en mandarn y, en el medio de la voltereta del no va ms, Carlitos, que se est tomando un caf con leche en el bar del Casino, larga las medialunas y se les tira encima a los chinos. Evita, dura como rulo de estatua, no dice nada, se le escapa un plido “compaeros”, mirando a los chinos, pero ellos no escuchan o no estn atentos a Evita ni a nadie ms que a la bolita que gira y gira en la rula. A todo esto, el mueco ha quedado sobre el canto de la mesa de juego, pegado a la rula.

Todo el personal del Casino est muequizado, como si estuvieran controlados por el fantoche y Evita en una batalla sin igual de poderes ominosos dentro de los cuerpos de los chinos y un par de gitanas gritonas que rasqueteaban la tarde bolsiqueando. Carlitos cumple el mensaje de su grito y con un encendedor prende la primera cortina. El fuego se alza lentamente hasta que, de un soplo, el ardor va tomando las alfombras de la primera nave. Nadie mueve un pelo. Los chinos pierden, por lo menos, medio palo, el mueco gira su cabeza y clava su mirada muerta sobre la rula que gira, y el 17 es el nmero que sale. Evita vive, en el cuerpo de Elvira? Pongamos se llame Elvira, me gusta ese nombre para la poseda. Elvira no come ni toma nada, es una sargenta dura muequizada. Los que se dieron cuenta del incendio huyen a los encantatorios a pedir por la buena suerte de los ludpatas. Algunos lloran el cadver de Evita que los controla con su mirada crepuscular en pleno da, aunque no se note si es de da o de noche, dijo Iko, respirando hondo.

Elvira, que ya es Evita en toda su dimensin de posesin, pide minuto de descanso al Jefe de Piso, que parece un guardin de camposanto gtico, y sale de su rinconcito de madera oscurecida. Va al bao y luego aparece con el rostro maquillado y sangre en la nariz, “compaeros”, dice, con un sonido vacuo y desencantado. Elvira est desencantada, y decide ir a los encantatorios. Las duchas de los encantatorios estn a tope con gente que se baa, el agua es dulce y clara, pero muy caliente, y fra no sale. Quemados, van saliendo de los ritos de la cbala para que Elvira no los detenga en su ambicin. Elvira tambin juega. Elvira aspira, como te dije, a ser Jefa de Piso, porque se le duplica el sueldo. Hay muchos muertos jugando hace cientos de aos, estn ah con sus mscaras horrendas, arrugadas y deformadas. Me segus? Es el momento justo para que entren los payasos a timar fuerte en la sala enrejada, donde juegan los que se la juegan en grande, y los payasos ganan, Evita asciende de puesto laboral, nadie sabe que Elvira es Evita, ni ella se lo dice a nadie y as pasa como mujer desapercibida porque Evita vive en Elvira, cerr, el fantoche de Iko, cansado de tanta parla.

Ver: Crnicas del Subsuelo: El Bar Danubio

Esa es la idea general de la pelcula, continu. Porque estn los detalles de fondo tambin en cada situacin, pero sobre todo en el vestuario y la fisonoma de los cuerpos. Y los espritus que habitan el Casino Central desde su fundacin. Bueno, ah te necesito para que metas a toda la vagancia para filmar lo que sera el final de la pelcula, pero no te lo voy a contar ahora, mejor charlemos, intercambiemos ideas, dijo Iko. Y se qued callado y pensativo mirando perdido el chupn de soda y las burbujitas que suban y explotaban de a miles sobre la mesa de Las Meninas. Afuera se levant un viento fro, las nubes se aglutinaban entre s formando animales horrorosos en el cielo, Iko haba dicho lo que me tena que contar, lo dej divagando en otros temas como la laparoscpica, una funcin de bufones que tena pensada para ms adelante cuando sea la temporada de verano. Pensada para los teatros. No saba qu decirle. La idea de la pelcula no es mala, pero es la quinta pelcula que me cuenta Iko, todas las noches, Iko suea una pelcula para conseguir financiamiento, y cree que soy yo el que la podra soportar econmicamente.

El ex Danubio todava en obra, Las Meninas a pleno acaparando la clientela. El caf era pura bruma a eso de las siete de la tarde. Las olas rompan sobre las piedras donde los lobos marinos reposan como cerdos. Hay un cristo gigante lleno de cajitas con restos de cenizas de humanos. Miles de feretritos con cenizas de muertos. Los lobos estiran la cabezota hacia arriba, otro le pasa por arriba y lo tumba, dos ms chicos se suman a la majadera y hacen una montaa de lobos marinos que van sumndose al amontonamiento. El hedor es espantoso. La noche est al salir del parto del da, una gara empieza su peregrinaje sobre las ropas de las gentes que van para la foto donde la ciudad, enfrente, queda en pelotas por la fastuosidad mrbida de su encantamiento.

Iko ya habla de otra cosa, las pelculas de Iko pasan de una hora y terminan de golpe y ya ni me acuerdo cul era cul. Ah, me dice Iko como acordndose de charlas anteriores, Elvira, la chica del Casino, se parece o no se parece? Intercambiemos ideas, le dije, devolvindole la inquietud. Empiezo yo y te hago preguntas como abogado del diablo Iko, te parece? Iko asinti con la cabeza como Elvira en la pelcula que el propio Iko me haba comentado. Fue adoptando modales muequizados, la comisura de sus labios tena una rajita en cada punta, la mandbula se mova en bloque para abajo y sacaba una lengua de madera finita cuando yo le hablaba, los ojos se le me movan cada tanto, uno para un lado y el otro dislocado daba vueltas solo, sin coordinacin con el gemelo. Iko prcticamente se haba convertido en un imitador de muecos, a la perfeccin, levantaba una mano como si se la subiera un hilo largo, manejado por alguien desde arriba del techo de Las Meninas.

Marcelo Padilla

Crnicas del subsuelo: Las delirantes pelculas de Iko Ovo