Presente y futuro de la evangelización en España (2): reflexiones para una Teología de la Misión Española

“La mies es mucha (el Señor ni simplifica ni exagera) y los obreros pocos” (Juan 4:35 y 36).

¿Debemos hacer Evangelización y Misión con una mente intencional? (otros lo llamarían conocimiento a priori).

Trabajamos en medio de una dinámica entre inclinaciones e intenciones. Las inclinaciones suelen proceder de la teología de la evangelización denominacional que, hemos asumido. Y las intenciones son producto de una predisposición a actuar, guiados por la abundante demanda ante las declaraciones bíblicas de, ir a todo el mundo y predicar el evangelio.

Dios se vuelca en lo físico (las personas y sus circunstancias) no de forma indolente ni pasiva; su hacer es diligente e intencional. Sin embargo, nosotros (sálvese quien pueda) procrastinamos en demasía en algo que requiere diligencia; a veces pensamos que tenemos todo el tiempo del mundo, pero según las Escrituras eso no es así, porque Dios ha establecido un tiempo de oportunidad para que entren los gentiles en el Reino a través de la llamada a la conversión y respuesta positiva de ellos, mediante el arrepentimiento.

Como intercesores, como apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros; no debemos dar otra respuesta que, la de formar, motivar, reconocer y enviar a obreros a la mies. Si nos involucramos a la manera que Dios lo hace en sus intervenciones para con los planes y negocios de la humanidad lograremos en cada generación tener más obreros para hacer la labor del Reino.

Nuestra intencionalidad en la Evangelización y en la Misión, debe estar guiada e impulsada por la llamada a la actuación con diligencia, con fervor, sin pereza, apasionados en el espíritu, sintiendo el estado real de muerte de cada persona sin Cristo (Romanos 12:11); no nos toca a nosotros establecer una especie de “selección” de a quien evangelizamos e invertimos esfuerzos misioneros y recursos económicos; porque un comportamiento semejante supone que está en nuestras manos a quien se les predique y se les “conceda” la oportunidad de escuchar y convertirse.

La intencionalidad es el resultado de que somos conscientes del estado de separación del pecador para con el creador; nosotros como agentes de acercamiento (no de conversión) del pecador al único que le puede cambiar la vida; entonces nuestra responsabilidad es mantenernos en el oficio y negocio que hemos recibido de Cristo.

Los evangelizadores necesitamos estar persuadidos de que, aunque nuestras fuerzas sean limitadas y nuestros recursos económicos no sean suficientes, por razón de nuestra lealtad al Señor, seguimos peleando la buena batalla de la fe, tomando la “dinamita” y haciendo todo lo posible para que entre el Evangelio en los oídos y el corazón de los que han de ser salvos por la Gracia de Dios.

Con una actuación fuerte espiritual y una voluntad intencional, aquello por lo cual Jesús oró (Juan 17) a nuestro favor, se cumplirá; en unas espigas habrá 30 granos, en otras 60 y en otras 90 granos. Y se cumplirá también lo que la Palabra afirma “mi palabra hará aquello para lo cual fue enviada…no volverá vacía”. En unos será para salvación y en otros para perdición, pero en todos los casos, llevará fruto; de salvación o de perdición (2ª Corintios 2:14-17). Advierto de que la misiología actual, no contempla la doble realidad y el doble resultado que, toda acción y presentación del Evangelio consigue; al no presentar las dos caras de la moneda, la salvación y la condenación de quienes escuchan el Evangelio, el resultado supone una decepción para muchos creyentes al contemplar un resultado de no aceptación del mensaje contrario al que se les anuncia. La mayoría de los creyentes no han sido enseñados sobre la realidad de que el resultado de la predicación también puede ser la condenación de la persona evangelizada (2ª Corintios 2:14 a 16).

Hay razones bíblicas y teológicas y también hay razones y comportamientos intencionales en tiempo y fuera de tiempo, para estar involucrados en llevar a cabo la proclamación del Cristo crucificado y resucitado, así como de su segunda venida a la tierra. En esto consiste la Misión de la Evangelización.

Sin convencimiento espiritual, mental y el ingrediente de la diligencia de parte de cada creyente en Cristo, no habrá una disposición, entrega sacrificial e intencionalidad constante de compartir la fe y el evangelio; antes bien, lo que sucederá no será más que esfuerzos esporádicos y muy dependientes de nuestros estados emocionales, o de que alguien nos remueva la conciencia en un sermón de domingo por la mañana.

La evangelización debe ser la manifestación de los ríos de agua viva que estén moviéndose en el interior del creyentes y que como algo natural fluirán esas agua hacia el exterior; cuando tales manifestaciones están silenciadas es de suponer que, los ríos interiores se han convertido en estanque o pantanos cerrados y donde la luz que hemos recibido, está apagándose dentro de la vida del creyente.

Si es que quiere obedecer a las demandas de Cristo el creyente no puede dejar de ligar su conocimiento del mandato de Jesús, de su intencionalidad de ir a predicar al pecador. Porque si lo desliga, entonces pierde el sentido y propósito que Dios nos ha asignado como embajadores de Dios en la tierra (1ª Corintios 5:18al 20).

Tampoco el creyente debe atesorar conocimiento bíblico solo para aumentar poder de entendimiento para sí mismo, sino que ese conocimiento debe ser conseguido y atesorado para invertirlos en ganar almas para Dios.

Cada contexto social y psicosocial exige unos métodos para el trabajo de alcanzar a los habitantes de cualquier ciudad. No sirve de mucho aplicar un método generalizado utilizando el mismo folleto en todos los esfuerzos evangelísticos; las mismas ilustraciones, los mismos versículos; los mismos reclamos o frases capturadoras para los transeúntes o personas que pretendamos reunir para predicarles.

Conocer para presentar, conocer para abordar, conocer para acercar, conocer para buscar, conocer para llamar, conocer para orar y conocer para enviar. Y ver para creer, y creer para ver. Porque sin una investigación previa de cada contexto donde se piensa evangelizar, no se puede ver, no se puede conocer, no se puede esperar con fe ni tener fe, para esperar que haya respuesta cuando no nos hemos esforzado en hacernos entender por quienes tenemos delante.

No adoptemos un método uniforme porque ningún método ni puede ni debe ser 100% uniforme. Todo trabajo de investigación del terreno (ver la experiencia los doce espías en el libro de Números 13 apunta a una fe, una creencia de que Dios nos ayudará a lograr alcanzar la implantación del evangelio en los corazones y como consecuencia levantar una nueva congregacional, desear que eso ocurra (hay más de 7 mil municipios sin una solo congregación de cristianos nacidos de nuevo en Cristo). En Números 13 se presenta el valor de los datos recabados de su investigación, conocieron lo que antes no conocían, entendieron a quienes antes no entendían,

Josué y Caleb amaron la victoria que antes no tenían y reportaron para levantar la fe y la confianza que el resto del pueblo de Dios no tenían de poder seguir avanzando en nuevos territorios que no eran suyos pero solo en estos dos hubo ese acoplamiento entre ver, conocer y entre creer en el poder de Dios, para alcanzar el objetivo que movió a Dios y a Moises a realizar la investigación. Josué y Caleb imprimieron fe y obediencia, creencia en su trabajo y en Dios para lograrlo y para ver hecha realidad, la conquista. Eso es lo mismo que es previsible que nos ocurra también hoy, en el plano espiritual de alcanzar a los habitantes de ciudades que aún no están alcanzadas en España.

El trabajo de Evangelización y Misión requiere una medida real de fe en la intervención sobrenatural de Dios; es más, el que evangeliza debe creer que lo sobrenatural es posible también en nuestro tiempo; esperar únicamente en obtener resultados eficientes solamente por medios intelectuales racionales, no es una evangelización acorde con los ejemplos que en el Nuevo Testamento nos ha dejado conocer el Espíritu Santo.

La labor de Evangelización y Misión de la Iglesia a través de las iglesias locales, a lo largo de la historia, ha sido y lo sigue siendo ahistórico (no es solo para un tiempo); es un trabajo que un día empezó y un día terminará, pero cada día para la Iglesia (en sus iglesias locales) es como un comienzo; convertirse a Cristo, obedecer su mandato de ir por todas las naciones anunciando las Buenas Nuevas de salvación , bautizando  a los convertidos, discipularlos y seguir haciendo lo que nos dice Pablo en Efesios 4:11-13. “A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para edificación del cuerpo de Cristo”. No es algo que las iglesias hicieron en un pasado histórico, sino que es un actuar presente; por eso es que la labor evangelizadora y de misión es ahistórica no temporal, sino permanentemente histórica, hasta que Jesús vuelva de nuevo a la tierra.

Nuestras sociedades están avocadas a la temporalidad, porque sin Cristo no hay esperanza de eternidad, así es que viven, piensan y sienten mayormente en clave de temporalidad. Nosotros, con el Evangelio y el apoyo del Espíritu santo, les ayudamos a acercarse a lo intemporal, es decir, a la fe, a la creencia en la existencia de Dios, a la posibilidad de entregarle su vida al Señor y entonces comenzar a vivir en el “ya pero todavía no” de la eternidad con Dios. El evangelio es lo más glorioso y trascendental que le podemos dar a conocer al ser humano. El creyente que no haya entendido esto, no evangelizará porque no sentirá el amor de Dios por los perdidos. Sí, él ha sido hecho salvo, pero no se invertirá para que otros lo puedan ser; pertenecerá a una congregación, sí, pero vivirá una vida religiosa, nominal, anodina y sin compromisos con la fe, ni con el plan de Dios para este mundo perdido ¡Cantar canciones en los cultos, cantará, y hasta ofrendará! pero se habrá enterrado en vida junto con sus dones.

La Iglesia tiene un principio y tendrá un final “yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20).

La evangelización no debe ser llevada a cabo con metodologías extranjeras únicamente; y la realidad en España es que, lo que más abunda son los planteamientos, estrategias, metodologías, materiales y hasta conferenciantes que, vienen a proponer unas formas de evangelizar que, es posible que, funcionen en sus países de origen; aunque eso es algo relativo porque no tenemos estadísticas que los hayan cuantificado; pero como fueron ideados, y sostenidos económicamente en aquellos países, entonces son traídos aquí y nosotros, a falta de recursos económicos y porque caemos siempre en el error de valorar más lo que viene de afuera que lo que aquí es concebido, entonces los adoptamos; aunque en la mayoría de las veces igual que aparecen, desaparecen y son sustituidos por otras ofertas nuevas, que caen en el mismo ciclo.

En la Misión hay dos cuestiones que no son de ayuda, antes bien todo lo contrario, la Misión, estas palabras son: simplificar y exagerar. Hay una tendencia en las propuestas misiológicas de simplificar los procesos y el resultado es que, no hay profundidad en lo que se propone y eso hace que descarrilen demasiado pronto las propuestas. La otra palabra que igualmente afecta de manera contraria al verdadero avance es la exageración. Si, se exagera la presentación, todo descansa en un “buena” presentación, como si de eso dependiera el éxito del proyecto de misión; sin embargo, repetidamente se asiste a “grandes propuestas y presentaciones” que no soportan un periodo de exposición más allá de la aparición de la nueva propuesta que, siempre aparece dentro de uno a dos años siguientes.

La Misión en España está siendo deficiente porque está faltándole reflexión teológica contextualizada (hay demasiada contextualización de origen extranjero, la cual no encaja en nuestro país). Quiero decir que no está siendo llevada a un análisis suficientemente reflexivo sobre lo que estamos haciendo y eso es fundamental para avanzar, para entender la Misión y para vestirla de propósito. Hay mucha gente haciendo cosas dentro de lo que llamamos Misión cristiana. Dedican tiempo a examinar los contenidos, pero no los fundamentos bíblico teológicos de las acciones prácticas que hacemos; todo lo invierten en la puesta a punto para llevar a cabo programas, metodologías y proyectos que, lamentablemente demasiados son elaborados con una cosmovisión evangelizadora de países extranjeros. Y lamentablemente también, faltándoles la cosmovisión bíblica y evangelizadora de las potentes y sobrenaturales manifestaciones de Dios.

Corrijamos estos defectos para avanzar haciendo uso de una Teología de la Misión Española.

 

Dr. Máximo Álvarez Alvelo. (PhD) Teólogo de la Misión. Misiólogo.

Publicado en: PROTESTANTE DIGITAL – La misión urgente
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Presente y futuro de la evangelización en España (2): reflexiones para una Teología de la Misión Española